Agnósticos de la política

Empezaremos por la RAE (Real Academia Española).
Político: perteneciente o relativo a la actividad política.
Política: actividad del ciudadano, cuando interviene en los asuntos públicos.
Agnóstico: que se niega a conocer o no quiere saber nada.


Según lo anterior, un agnóstico político es aquel que no quiere saber nada de la actividad política. Piensa que bastante tiene con preocuparse de “lo suyo” y que eso de la política es un trabajo sucio con el que no quiere mancharse las manos y se lo deja a lo que él llama, los políticos. Eso sí, cuando hay elecciones va y vota, no vaya a ser que los demás piensen que no es un buen ciudadano.
Lo que estas personas, que no son pocas, llaman, “los políticos”, son en realidad sólo representantes de los verdaderos políticos, que somos nosotros, los ciudadanos. Y
estos representantes que conocen perfectamente este hecho sociológico del agnosticismo político, se han inventado lo del centro y muchos de ellos se dedican a alimentar dicho invento manifestando que ellos mismos son también de centro, que lo más civilizado es no ser ni de derechas ni de izquierdas y para captar el mayor número de votos posible unos se dicen de centro-derecha y otros de centro izquierda y así pueden llamar extremistas a los demás, extremistas de izquierdas y extremistas de derechas.


Nos preguntamos qué pasaría si lo que llamamos “lo nuestro”, que no es otra
cosa que la necesidad que se nos ha impuesto, de tener que ganarnos la vida con nuestro esfuerzo personal, no fuese necesario, es decir, si a todo nacido, por el hecho de serlo,
se le asignase una renta básica incondicional que le permita seguir viviendo ya no tendríamos que preocuparnos por eso de labrarnos un porvenir.
La respuesta nos parece sencilla, obvia incluso: al desaparecer esa preocupación
vital, comenzaríamos a preocuparnos por los demás, por los asuntos públicos, por la
política, querríamos conocer sobre la actividad política y luego querríamos ejercer dicha
actividad. Seríamos verdaderos ciudadanos, pero claro, acabaríamos con el modelo actual de representación política. Si todos nos comportamos como ciudadanos, nuestros actuales representantes, no pasarían de ser nuestros portavoces. Ahora son esas personas que se sacrifican para que nosotros no tengamos que hacer ese sucio trabajo de la política.


Un ciudadano comenzará por el conocimiento y adquiriendo mínimamente este conocimiento pronto se dará cuenta de que solo hay dos formas posibles de ser en el
mundo. La primera proviene de nuestra memoria genética, de cuando nuestros ancestros sólo sobrevivían aplicando una lógica de violencia, estaban obligados a ella para poder seguir existiendo, a comportarse como depredadores, lo más astutos posible, actuando
como individuos humanos, con nocturnidad y alevosía. Es esta ética depredadora la que
aún subsiste, debidamente mejorada con lo que ahora llamamos liberalismo, entendiendo por liberalismo la corriente de pensamiento que propone poner por encima de todo, la libertad individual.
En la práctica, el liberalismo ha creado un sistema económico, el capitalismo, sistema que considera al hombre como factor de producción, situación a la que nace ya obligado toda vez que es el trabajo asalariado la única posibilidad que cada nacido tiene para poder seguir viviendo. Las sociedades capitalistas se conforman así en empresarios y trabajadores, en clases dirigentes y chusma, en explotadores y explotados. Es la consagración de la desigualdad a la que se llega por el camino de la libertad, de la libertad individual, no colectiva, de manera que unos son más libres que otros o más
esclavos que otros, según se mire. Por el contrario, el ciudadano, hombre ya liberado de tener que sobrevivir mediante un trabajo asalariado al tener una renta mínima garantizada, puede seguir conociendo y pensando y pronto se dará cuenta de que es precisamente el capitalismo el que ha puesto a nuestro planeta en situación de emergencia climática y comenzará a decir Biosfera cuando se refiera al planeta que habitamos y pronto descubrirá el verdadero significado de la palabra “cuidar”, cuidar de nosotros mismos, de los de nuestra especie y de la biodiversidad.


La ética cuidadora supone olvidar la libertad individual para ir pensando
colectivamente, en igualdad, echando mano de nuestra inteligencia individual para, en
conexión con la inteligencia de los demás, ir constituyendo inteligencias colectivas
como mecanismo que nos ha de señalar con toda certeza cómo cuidarnos con éxito.
Para llegar a la libertad a través de la igualdad. Primero igualdad, cuando lo
consigamos seremos igualmente libres. No hay otra manera.
Frente al individualismo del depredador astuto en libertad, el colectivismo
igualitario de los cuidadores inteligentes.
Este colectivismo, organizado para averiguar lo que debe hacerse en cada
momento, colectivismo por tanto asambleario, es lo que algunos llamamos, sin ningún
pudor, comunismo democrático.


Ya llegamos al final de nuestro propósito.Solo hay dos formas de ser en el mundo, o liberalismo o comunismo. O derecha o izquierda. El centro, desde un punto de vista ideológico, no existe, sólo existen los agnósticos de la política.
Y además sabemos cómo se pueden ir transformando esta clase de personas que
más bien están en el mundo que son en el mundo (ser o estar, esa es la cuestión),
bastaría con implantar una renta básica incondicional y para siempre.

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