Bases para la construcción de un partido político verdaderamente democrático y con opciones de gobierno

Dice José Luis L. Aranguren en su, Ética y Política (Editorial Biblioteca Nueva
S.L., Madrid 1996) que es propio de las sociedades liberales un sentimiento general de
repulsa de la acción política, de manera que la mayoría quiere mantener sus “manos
limpias” y su conciencia tranquila, encargando a esa especie de “poceros” que serían los
políticos, el feo y sucio oficio de gobernar.


Esta tesis explica porqué, en este tipo de sociedades, se gobierna con un sistema
que hemos dado en llamar democrático representativo, pero que en casos como el
nuestro en el que por una parte, el mínimo de subsistencia debe ser obtenido mediante el trabajo asalariado en un contexto con más de tres millones de parados y por otra, no
existe limitación alguna de los tiempos de mandato ni posibilidad de revocación de los
nombramientos, el sistema se parece más a una oligarquía que a una verdadera
democracia, ya que muchos de nuestros “poceros”, encuentran en la acción política un
oficio para toda su vida constituyendo con ello una nueva clase social, la clase política.


Así, nuestro comportamiento, más próximo al de los antiguos súbditos que al de
unos modernos ciudadanos, los ha transformado en auténticos oligarcas. Podemos
afirmar pues que este sistema de democracia representativa a la española no es más que una oligarquía, representativa eso sí, en el sentido de que somos nosotros los que, a
pesar de ser plenamente conscientes de esta situación, nos negamos a actuar como
ciudadanos y nombramos libremente a nuestros poceros oligarcas cada vez que se nos
convoca para ello. Luego los ponemos a parir en nuestras tertulias y eso es todo.


Si quisiéramos cambiar de sistema, es decir si en lugar de aceptar que hemos de
vivir para siempre en una sociedad de corte liberal, podríamos hacerlo. Bastaría con
crear un partido político verdaderamente democrático que tuviese posibilidades reales
de gobernar.

Para que sea auténticamente democrático, el poder ciudadano debe mantenerse en el lugar en que se origina, es decir en manos de cada uno de los ciudadanos.Ciudadano significa actor político, un actor hace su trabajo y no lo deja en manos de su representante. El ciudadano que es el detentador de un poder político individual debe unirlo al de otros ciudadanos en pie de igualdad, creando un órgano colectivo de tipo asambleario, colectivo que para su viabilidad exige una limitación en el número de susmiembros, por ejemplo, 20 miembros como máximo. Es lo que se llama, una pequeña comunidad resiliente (PCR).


Un conjunto de PCRs, debidamente conectadas entre sí pondrían en pie un poder democrático indestructible. Democrático, porque es el poder de un pueblo que se niega
a dejarlo en manos de representantes. Indestructible, porque estamos ante comunidades realmente resilientes (Resiliencia es la resistencia a los golpes).


El problema se reduce al diseño de un sistema de conexiones entre estas PCRs
que sea realmente efectivo. Conexiones que son en realidad comunicaciones y que por
ello cada PCR habrá de tener en todo momento un portavoz. Cada PCR es una unidad
territorial por lo que para llegar a actuar en las unidades en las que se articula el
territorio español, municipios, provincias, autonomías y estado central, se precisará de
la creación de PCRs de ámbito superior, formadas por portavoces de las PCRs de base.


Tendremos así las PCRs Locales que son las únicas que mantienen el poder de
acción política y en distintos niveles tendremos además, PCRs, formadas por portavoces
de las PCRs Locales: Municipales, Provinciales, Autonómicas y Nacionales.

Ya tenemos garantizado el aspecto democrático, ahora falta abordar el asunto de
las posibilidades de gobierno.


De lo ya dicho se deduce claramente que las PCRs han de estar formadas por ciudadanos, con la definición que ya hemos dado para este concepto alternativo al de súbdito. La cuestión estriba así en determinar el número de ciudadanos necesario para
que el partido político que formen tenga una clara opción de gobierno.


En nuestro país y en números suficientemente aproximados para la precisión de
este trabajo, tenemos unos 38,5 millones de electores, distribuidos de la siguiente manera, unos 22 millones viven en unas sesenta ciudades de más de 300.000 habitantes, unos 15 millones viven en unas 5.000 ciudades con población comprendida entre 1.000
y 100.000 habitantes y 1,5 millones viven en unas 50.000 ciudades de menos de 1000
habitantes, de las cuales unas 45.000 tienen menos de 100 habitantes.

Consideremos ahora el número de unidades elementales de población en las que
podemos constituir una PCR. Estas unidades serán las pequeñas poblaciones y los
barrios o distritos de las grandes y medianas. Tomamos un valor medio de 20 barrios
por ciudad mediana y 50 barrios por cada gran ciudad.


En total tenemos: 50.000 + 5.000 x 20 + 60 x 50 = 153.000 unidades elementales
de territorio.


Introduciremos ahora dos factores de cálculo, el primero de ellos lo llamamos
factor de implantación que lo definimos como porcentaje de implantación territorial
eficiente de una PCR. Tomaremos para este coeficiente un valor de, 50%. El segundo es
el factor de penetración social que definimos como capacidad de un ciudadano de
convencer a un grupo de electores potenciales. Tomaremos un valor 3 para estecoeficiente, lo que significa que un miembro de una PCR puede convencer a dos
electores para que apoyen sus tesis con su voto: 2 + 1 = 3.


Aplicando estos coeficientes, tenemos:
153.000 x 0,5 = 76.500 posibles PCRs Locales en todo el territorio nacional
76.500 x 20 = 1.530.000 ciudadanos, lo que supone un 4% del censo electoral.
76.500 x 20 x 3 = 6.120.000 votos


Si en nuestro país pudiésemos contar con que un 4% de los electores están dispuestos a actuar como ciudadanos que se nieguen a entregar a representantes el poder político que poseen, podría llegarse a construir un partido político verdaderamente democrático y con claras opciones de gobierno.


Todo empieza por ir constituyendo en cada pueblo y en cada barrio una pequeña
comunidad resiliente, una pequeña asamblea ciudadana en funcionamiento permanente.

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